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El cuento de la cebolla

Érase una vez un huerto lleno de hortalizas y árboles frutales en el que un buen día empezaron a nacer unas cebollas especiales. Cada una de ellas tenía un color diferente: las había rojas, amarillas e incluso naranjas. Sus colores eran deslumbrantes.

 

Después de varias investigaciones, resultó que cada cebolla tenía en su interior una piedra preciosa, pero por alguna razón se empezó a decir que aquello era peligroso, inadecuado y hasta vergonzoso.

 

Por ello, las cebollas empezaron a esconder su piedra preciosa con capas, cada vez más oscuras y feas, para disimular como eran por dentro, hasta convertirse en cebollas normales, las que todos conocemos. Un día, pasó por allí un sabio, que entendía el lenguaje de las cebollas, y empezó a hablar con cada una de ellas:

 

Sabio: ¿Por qué no te muestras como eres por dentro?

Cebollas: Porque nos obligaron a ser así...Nos enseñaron a que teníamos que parecernos a los demás...porque nos duele que nos rechacen...

 

Todas ellas coincidieron en que las capas se las fueron poniendo ellas mismas para aparentar ser como los demás y evitar que las señalaran como "raras o distintas". Ante tal afirmación, el sabio comenzó a llorar y cuando la gente lo vió, pensó que llorar ante las cebollas era algo de sabios.

 

Por eso, desde ese día, todo el mundo llora cuando una cebolla nos abre su corazón.

CÓMO LE COMUNICO A MI HIJO/A POR QUÉ NO PODEMOS SALIR AL PARQUE

 

- No mentirles. Esto no quiere decir, que haya que decirles toda la verdad, debemos explicarles la situación real adaptándola a su edad y nivel de desarrollo. Tanto los niños y niñas como los adultos, nos preocupamos más si nos ocultan información. Por ejemplo: "estamos en casita y no podemos salir porque hay un virus muuuy contagioso, por eso hay que lavarse mucho las manitas y no dar tantos besitos y abrazos. Pero solo por ahora,porque muy pronto, cómo no hay niños y niñas en el parque para jugar el virus se aburrirá y se irá (ver el cuento completo de "La flor de Juan").

 

- Sí podemos hablar sobre el Coronavirus, pero debemos evitar hacerlo de forma catastrofista, porque ellos sacan sus propias conclusiones acerca de las conversaciones de los adultos. Transmitirles que esto es pasajero, que no sabemos exactamente cuándo, pero que pronto volveremos a salir a la calle, a ir al cole, al parque, a la playa y podremos ver a toooodos nuestros amigos.

 

- Favorecer que se expresen, pregúntele a su hijo cómo se siente y qué piensa de la situación. El egocentrismo infantil puede hacerles pensar que ellos se contagiarán y sufrirán, por lo que hay que explicarles de manera sencilla que si se contagian tendrán síntomas leves.

 

- Explicarles que ahora tenemos la oportunidad de pasar más tiempo juntos, haciendo juegos en casa y actividades en familia.

 

-Lo último y lo más importante: transmíteles toda esta información con una sonrisa y en estado de relajación. ¡Observa tu cuerpo y respira hondo!

 

 

 

 

 

 

 

CUENTO

“Esto También Pasará”

 

Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte: - Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...

Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:

-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje –el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas –le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía “ESTO TAMBIÉN PASARA”.

 

 

Mientras leía “esto también pasará” sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.

El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo: -Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.

-¿Qué quieres decir? –preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.

-Escucha –dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero. El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado. Entonces el anciano le dijo:

-Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.

 

 

 

Fábula del Esfuerzo: "La mariposa" 

 

“Una mujer encontró un capullo de una mariposa y lo llevó a su casa para observar a la mariposa cuando saliera del capullo.

Un día notó un pequeño orificio en el capullo, y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por poder salir. La mujer  vio que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño agujero, hasta que llegó un momento en el que pareció haber cesado de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su intento. Parecía como que se había atascado.

Entonces la mujer, sintiendo lástima, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera corto al lado del agujero para hacerlo más grande, y ahí fue que por fin la mariposa pudo salir del capullo.

Sin embargo, al salir la mariposa tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.

La mujer continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante, las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar el cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba.

Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas. Jamás logró volar.

Lo que la mujer, en su bondad y apuro, no entendió fue que la restricción de la apertura del capullo y el esfuerzo de la mariposa por salir por el diminuto agujero, eran parte natural del proceso que forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que alcanzasen el tamaño y fortaleza requeridos para volar.

Al privar a la mariposa de la lucha, también le fue privado su desarrollo normal"

Moraleja: Si se nos permitiese progresar en todo sin obstáculos, nos convertiríamos en inválidos. No podríamos crecer y ser tan fuertes como podríamos haberlo sido a través del esfuerzo y la constancia.

Cuántas veces hemos querido tomar el camino fácil para salir de dificultades, tomando esas tijeras y recortando el esfuerzo para encontrarnos al final un resultado insatisfactorio, y a veces desastroso.

¡Sí, luchemos y esforcémonos por alcanzar metas!

 

 

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